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Convertir en constelaciones mis cicatrices

Todos tenemos experiencias de vida únicas que tal vez han podido darnos una gran satisfacción, pero en otros casos tal vez hayan generado un profundo dolor que puede haberse quedado incrustado en algún lugar entre nuestros recuerdos, una sensación punzante en el corazón y una marca que puede ser tan imborrable como una cicatriz o un tatuaje.

Y esas heridas pueden ser causadas por algo que recordamos o en otros casos por frases que escuchamos cuando éramos niños que tal vez hoy de adultos nos parezcan carentes de sentido. A mí me ha pasado que a veces recuerdo frases que me dijo mi papá y siento un dolor inexplicable, y resulta que cuando digo la frase en voz alta no tiene en si misma nada de negativo, por ejemplo, mi papá me crió como una niña empoderada, quería que fuera muy segura de mí misma y que sintiera que no habían limites, que era capaz de hacerlo TODO.

Literal recuerdo siendo muy chica, tal vez tenía unos 8 años, cuando me dijo: “es que tú sola eres capaz de hacer cualquier cosa” y seguro estás pensando “¡Qué maravilla haber tenido un papá que te dijera eso cuando eras una niña!” pero, y no sé cómo explicártelo, hace un par de años cuando recordé ese momento lloré sin parar porque sentí que esa frase había creado en mí una creencia que me había causado mucho daño.

Y es que, la forma en la que yo siendo niña interioricé esa frase tan empoderada fue

“Soy capaz de hacer cualquier cosa y puedo hacerlo sin la ayuda de nadie”

y claro, no te niego que eso ha hecho de mí una mujer emprendedora, terca, valiente. Pero también me llenó de frustraciones cuando intentaba hacer cosas sola y no daban resultado, crecí sin saber lo que significaba pedir ayuda y ya te imaginaras cuantos momentos de frustración y de sentirme ´incapaz´ he transitado.

Tenemos muchos tipos de heridas, tal vez haya otras frases que, si tengan una lógica para algún dolor que guardemos o por supuesto, experiencias de vida no solo como niños si no en la vida adulta que nos han llenado de temor y nos generen esa punzada en el corazón que a veces pensamos se quedara la vida entera clavada como una espina.

Mi papá no quería que yo tuviera alguna relación con el arte ¿puedes creerlo? Yo que solo se ver la vida con ojos creativos, que amo cantar, escribir, bailar, pintar ¿Qué vida entonces iba a tener? Viví una infancia muy triste (por muchas otras razones que tal vez te las cuente más adelante) no entendía porque mis compañeras del colegio podían estar en el coro, tomar clases de piano, pintura, cerámica, y yo no. Yo sé que suena super contradictorio, ¿Cómo la misma persona que me estaba impulsando a hacerlo todo me decía que no podía hacer nada de lo que yo más quería en la vida?

Fui una niña MUY agresiva, tanto con otros como conmigo misma y es que lo que más dolor puede causar al mundo, es una persona que se siente frustrada.

Una persona herida puede herir a muchos más

Una persona que trabaja en sanar sus heridas puede convertirse en un faro para el mundo

Y aquí ya vamos llegando a la razón del porque hoy decidí contarte una historia tan personal y que ha marcado tanto mi vida como adulta y es que todos tenemos en nuestras manos la decisión de quedarnos viviendo desde ese dolor, desde esa frustración o decidir, no solo perseguir nuestros sueños y ser leales y honestos a nuestros deseos más profundos, sino también buscar la forma en la que puedes ayudar a otros a sanar esa misma herida.

Esa es la razón por la que no solo decidí vivir una vida como artista y hacer una carrera musical (aunque muchos dijeran que ya era muy tarde para hacerlo) sino que también he enfocado mi trabajo en crear y colaborar con distintos proyectos que estimulen la creatividad sobre todo en niños que han crecido en ambientes hostiles, compartiendo el arte como una herramienta que puede transformar realidades, ejercitar la resiliencia y despertar el poder de lo colaborativo, de crear en conjunto y ser parte de algo más grande.

Ser testigo de estos procesos no solo ha sido uno de los regalos más grandes que he recibido en mi vida, también me ha enseñado el poder iluminador que puede tener adentro cada una de nuestras historias de vida

Uno de los proyectos más relevantes en este periodo ha sido la creación de la Fundación Música para la Paz, una organización con la que pudimos llevar durante 7 años educación musical a casi 200 niños en distintas zonas de Colombia, en conjunto con la Corporación Pasión & Corazón creamos la primera Filarmónica Indígena de Colombia y, aunque Música para la Paz ya no existe como fundación, los proyectos siguen existiendo administrados por esta corporación. Te dejo aquí la información por si quieres saber un poco más o estas interesado en colaborar.

FILARMÓNICA EMBERÁ CHAMÍ

Creo que todos podemos darle una “vuelta de hoja” a esas historias que tenemos guardadas, atrevernos a encontrar esa Luz oculta dentro del dolor, convertir en constelaciones nuestras cicatrices para que en lugar de una marca sean el lugar por el que sale todo lo bueno que tenemos para entregar al mundo. Estoy segura de que tú también tienes una historia similar ¿me la compartirías?